Blogia
Instituto del Amor

Amigos de Galbeño

GALBEÑO Y LA REVOLUCIÓN DE LOS BOLARDOS

GALBEÑO Y LA REVOLUCIÓN DE LOS BOLARDOS

Por el Doctor Nato*

El siglo XX ha sido el siglo testigo de indiscriminadas matanzas contra ciudadanos indefensos. Gulags, campos nazis de exterminio, bombardeos sobre poblaciones.... Hollywood ha intentado plasmar todo el Horror y el democidio producido en el siglo XX en sus trabajos cinematográficos.... ¿pero seguro que no se le ha olvidado nigún Holocausto? Desde el Instituto del Amor creemos que se han olvidado de la matanza más cruenta de todas: el Holocausto Vial.

Sin duda se trata del exterminio sistemático más prologado de la Historia y más ampliamente extendido por todo el Planeta Tierra; no hay día que los asesinos al volante no acaben con la vida de cientos de viandantes en todo el Globo. Acabar con el viandante es el único objetivo de estos degenerados. Hay muchos documentos que atestiguan esta agresión permanente contra los viandantes, pero las sociedades libre aún no hemos tomado conciencia de la verdadera naturaleza de estos asesinos. Nos pitan, nos persiguen, nos asustan y nos atropellan. Estas agresiones han desfigurado el día a día de los viandantes, conviertiendo una actividad aparentemente tan sencilla como comprar el pan en una tarea de máximo riesgo. Detrás de cada paso de cebra, de cada acera, de cada STOP hay un desquiciado al volante... de pronto un frenazo repentino en la tranquilidad matinal y... una nueva agresión.

Los padres ya no compran balones de futbol a sus hijos para evitar que estos sean carne de cañón de las letales máquinas de matar que llamamos automóviles; millones de viandantes despiertan sudorosos a media noche, tras una pesadilla vial en la que acababan bajo las ruedas de un vehículo-asesino. Para el viandante sólo queda el miedo, el sudor frío y el dolor.

Y todo esto bajo la complicidad del Estado, que construye nuevas carreteras, achica las aceras, disminuye la seguridad del peatón... en definitiva subvenciona la muerte. Las élites políticas voluntariamente ignoran las cruentas estadísticas que cada año salen publicadas en los periódicos. Nuevamente el Estado conspira contra una parte de la sociedad, nuevamente protege a los asesinos.

En este escenario de terror y genocidio vial, en esta lucha asimétrica por la supervivencia surgió un pensador, un visionario, un líder: Galbeño. Harto de los constantes [nunca mejor dicho] atropellos contra el viandante, decidió coger la vara de mando y plantar cara a estos criminales. El primer y único punto de su programa electoral lo tituló "la revolución de los bolardos".

La campaña electoral giró en torno a la violencia vial; el partido galbeñista se presentó a las elecciones bajo el lema "un ciudadano, un bolardo", el resto de los partidos, enemigos declarados del viandante, intentaron por todos los medios difamar y boicotear al Partido del  Peatón, el partido galbeñista. Galbeño se mantuvo firme, como un bolardo solitario en medio de una plaza llena de automóviles.

Pero los viandantes nos rebelamos frente al Terror: teníamos un lider, un partido, un programa; las elecciones llegaron y la Libertad se impueso al terrorismo automovilístico; los festejos se extendieron por doquier; por fin habría justicia vial.

Así es como comenzó la Revolución de los Bolardos; por primera vez el gobierno abandonaba la conspiración permanente contra el viandante y se dedicaba a la protección de sus ciudadanos y no a su exterminio sistemático. Miles de bolardos se levantaron en las calles, las aceras se ensancharon y los parkings se redujeron. Por primera vez se dejaron de ver cadáveres abandonados de viandantes por las calles. Los hombre libres plantarón cara y arriconaron Terror y al fin se respiró Libertad.

Los niños por fin pudieron jugar al balón, los viandantes pudieron salir de sus casas, la gente recuperó la esperanza. Cada vez que salgo a la calle, y veo uno de esos oscuros bolardos de acero, respiro hondo y me sonrio. Gracias Galbeño. 

 

(*) El Doctor Nato es Catedrático del Amor por el Instituto del Amor. Es un destacado activista por la liberación del viandante y un gran defensor de la revolución galbeñista de los bolardos.