PERROS: EL HOLOCAUSTO SILENCIOSO
por el Doctor Jarp

Son miles. Están entre nosotros, se han introducido (o les han introducido) de una manera tan sutil en nuestras vidas que a mucha gente le resultaría imposible vivir sin ellos. Pocas veces aparecen en los medios de comunicación, si acaso cuando salvan alguna vida a un montañero perdido, pero tras esa cortina se esconde el verdadero carácter de los perros: nos están matando, nos están matando poco a poco pero sin descanso. Están introduciendo sus fauces, sus afilados colmillos, en la sociedad y la están desangrando. Y lo peor es que no nos damos cuenta.
Hace 60 años las democracias liberales tuvieron que hacer frente al mayor desafío de la Humanidad, la lucha contra una ideología despreciable, cargada de odio hacia el ser humano, el nazismo. Esta ideología, a pesar del ya mencionado odio hacia el género humano en general y a los judíos en particular, tenía sin embargo una especial predilección por el cuidado de los animales y de la naturaleza. Dentro de los animales, los investigadores nazis aplicaron sus despreciables técnicas científicas para crear algo que les ayudara en sus sangrientas fechorías a lo largo y ancho de Europa: así nació el perro. Ellos hacían el trabajo sucio para los nazis: descubrían judíos escondidos en los ghettos, los perseguían y si era menester los descuartizaban bajo la atenta mirada y las risas de sus crueles amos arios. El nazismo desapareció, la democracia capitalista se impuso sobre el socialismo hitleriano. Los horrores de los campos de concentración conmovieron a medio mundo y la Humanidad juró no perdonar jamás a aquellos criminales. ¿A todos? No, se olvidaron de los perros de presa (y nunca mejor dicho) de Hitler.
Así se introdujeron en nuestra vida, cada vez se hace más raro que una familia no tenga un perro entre ellos. Los perros han dejado de tener la que siempre se llamó "vida de perro". Ahora hay perro que se pega una vida de consejero-delegado para arriba. Hay peluquerías para perros, clínicas para perros, hoteles para perros. En los grandes almacenes, no faltan los departamentos especializados en alimentación para perros, en vajillas para perros, en collares para perros, en mantas para perros, en insecticidas para perros.
Y empezaron a matar: sus blancos predilectos eran los niños. No podía ser de otra manera en unos animales creados por la ideología más genocida que ha padecido nuestro planeta. Raro es el día en que no nos levantemos sobresaltados por la noticia de un perro que despedaza a alguien, raro es el día en que un padre no ve llegar al perro con el brazo de su hija sobresaliendo de la ensangrentada boca de su can.
Y así, poco a poco, cumplen con el fácil cometido que se les encomendó antes del canto del cisne del nazismo: matar a toda la Humanidad. Miles de potenciales depredadores en miles de chalets y casas de campo españolas asoman tras las verjas su fiera advertencia. Sus propietarios los tienen en estima, y les confían su seguridad. Todo va bien, hasta que se cruza un gen, un olor, un peligro... Y una noticia.
